Experiencia personal


Cuando hablamos de mindfulness no tenemos más opción que referenciarnos al contenido del concepto castellano de atención plena, y, aunque esta no sea una traducción del anglosajón demasiado
correcta nos podría servir para acercar al lector sobre el estado que sugiere dicho vocablo. La definición de su propulsor, John Kabat Zinn, es "prestar atención, con intención, en el momento presente, sin juzgar, la experiencia que surge momento a momento" (Kabat-Zinn, 2003), a la que Siegel (2007) añade a
esta el "aproximarnos a la experiencia con curiosidad, apertura, aceptación y amor".

La primera vez que llegó a mis oídos esta palabra ya tenía una larga trayectoria en lo que luego utilizaría para
combinar mis estudios anteriores sobre filosofía oriental (Aikido, Ki-Gong o chi-kung, yuki), y mi tardía afición a los entresijos de la mente a través de la psicología, es decir, el puente que durante buena parte de mi vida había
estando buscando, aparecía ante mí como por arte de magia y en unas circunstancia idóneas para poder desarrollar un trabajo de investigación apoyado además por un equipo que creía en el midfulness y en todas las bondades terapéuticas que se podrían devenir de su práctica. Un sueño hecho realidad.

En otras ocasiones, había intentado a través de la práctica del Aikido que muchos de mis alumnos
consideraran la meditación como un paso más hacia su plena identificación con la esencia que Morihei Uesiba quería inferir al mundo con su creación, pero siempre topaba con el muro de la ignorancia de la percepción en la que el arte marcial debía ser un instrumento básicamente para el ataque y defensa del individuo que lo practicara. Más adelante, cuando mi función tendía hacia la experimentación con alumnos de alto nivel me di cuenta que para poder llegar a una mayor difusión debía tener un enlace en el mundo occidental que hiciera "servible" la experiencia acumulada durante tantos años.

El mindfulness es la sencillez de la contemplación del devenir de la vida, la atención del momento actual sin la
distorsión de la rumiación del pasado o del futuro. Es el aquí y ahora, lo único que es real, tangible, y, a la vez, disfrutable. ¿Por qué nos empeñamos en vivir los momentos pasados o futuros?, ensoñaciones de algo que va a pasar o de algún episodio de nuestra vida que ha dejado de existir. La clave a esta pregunta está en la adaptabilidad humana que conlleva el estar continuamente pensando lo que puede llegar a pasarnos en el futuro o lo que hemos hecho en el pasado. Pues bien, esta conducta adaptativa se vuelve en nuestra contra cuando
el pensamiento y el ser se fusionan en un solo concepto. El pensamiento existe en nuestro espacio interno porque nosotros lo alimentamos, y si este pensamiento ahonda más en ese espacio lo hace suyo como pasa en muchas de las patologías de la mente que tanto sufrimiento infiere a quien las padece.

La labor del mindfulness es enseñar a la persona a controlar este espacio haciendo consciente que es suyo y que ningún pensamiento va a poder arrebatárselo, debido, sobre todo, a que es su propia creación, y como tal tiene poder sobre ella. Este manejo se va a conseguir mediante la conciencia plena que nos dará la práctica del minfulness.